
Amanecía aquella templada mañana de otoño,
cuando así, de repente, entre brumas y sueños,
un beso acarició un recuerdo, perdido en el tiempo.
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La luz se hizo intensa, transparente, bella,
y el frágil velo del silencio,
se rasgó con la ilusión del sueño.
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He llevado tu nombre,
como un grito encerrado en la boca, por temor a perderlo.
Hoy, no sé porqué,
como un torrente, brotan sentimientos nuevos.
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El sol vuelve a dorar mi cuerpo,
tu sonrisa me abraza el alma, la siento en mí,
como esa brasa eterna que adorna la mañana.
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Te puedes alejar, ¡ que importa !
Nadie puede borrar los recuerdos, son eternos...
un corazón que ama,
se eleva al cielo con la fuerza de una estrella.
Y nadie, ni siquiera tu, puede detenerlas.
*









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